La Formación

La formación sacerdotal de los candidatos a la Hermandad, siguiendo las indicaciones de la Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis de san Juan Pablo II, está centrada en cuatro dimensiones fundamentales: la formación humana, la espiritual, la intelectual y la pastoral, todas ellas ordenadas a configurar sus corazones según el Corazón del Buen Pastor.
Cuidamos que los futuros sacerdotes maduren y crezcan en todos los aspectos de su persona. La sana convivencia comunitaria, la obediencia a los formadores y la observancia gozosa de la vida disciplinar, el trabajo en las tareas del hogar, el deporte y las salidas a la montaña son aspectos desde los que se trabajan y educan el entendimiento, la voluntad y los afectos de los futuros presbíteros.
La vida espiritual es el centro desde el que se unifica toda la formación de los seminaristas. Se trata por tanto de fomentar que los jóvenes crezcan en la unión con el Señor en todas las cosas. Para ello la vida del Seminario gira entorno a la Eucaristía celebrada y adorada con devoción y piedad. Son también elementos fundamentales al servicio del crecimiento espiritual de los jóvenes que aquí se forman; la celebración comunitaria del Oficio Divino, la participación frecuente en el sacramento de la penitencia, la ayuda inestimable de la dirección espiritual y el cariño filial a la Virgen y a los santos.
Velamos para que los futuros sacerdotes estudien con hondura y así mejor resplandezca la Verdad y en definitiva el Corazón de Cristo sea más amado y obedecido por todos. Los seminaristas realizan sus estudios académicos de filosofía y teología en el Instituto Superior san Ildefonso de Toledo. Se propone a los seminaristas como maestro y guía a santo Tomás de Aquino, quienes además ponen su trabajo intelectual bajo el manto de la Virgen, Sede de la Sabiduría y bajo la intercesión de san Pío X.
Desde los primeros años los seminaristas realizan diversos trabajos pastorales como preparación a sus futuros ministerios. Durante el curso prestan servicios en parroquias, hospitales o en otros lugares, y durante el verano realizan diversos apostolados con niños, adolescentes, jóvenes o familias. La caridad pastoral, don que brota del Corazón Sacerdotal de Jesús, se recibe también en la vida fraterna, aprendiendo a escuchar y a compartir las alegrías y las dificultades de los hermanos y también se cultiva invitando a que los seminaristas hagan suyas a través de la oración las inquietudes y necesidades de los hombres de nuestro tiempo.